domingo, 27 de diciembre de 2009

jueves, 24 de diciembre de 2009

Mi luna

Quisiera escribir algo tan lindo como vos, pero no me sale. Quisiera que no te escondas nunca, mi lunita, y que no dejes de brillar.
No sé si desde tus cráteres sabés que hay alguien acá abajo que te admira, perfecta en tus formas y color.
Enorme, te hacés chiquita, mi lunita.
Si la distancia se acortara, si pudiera escalar tus paredes y dejar morir mi cuerpo en el tuyo, seríamos una. Luna.

La paz y de nuevo

El frío en la nuca que pincha, pero no importa. Si mi cabeza ya está helada, no puede pensar. Cansada se dispone a su fin, alejarse para siempre de mí, que en definitiva soy yo y es mía.
¿Dolor? ¿Qué puede doler más que estar vivo? No tengo miedo.
Puedo mirar el cielo, y que sea lo último que mire algo tan hermoso es un alivio. Pero en todo descubro belleza porque finalmente estoy en paz.
La paz que tanto buscaba está en saber que me decidí a terminar con todo, que sólo queda esperar, y que esta espera no es esperanza, es certeza.

El cíclope de luz blanca que se acerca desde lejos, con su voz cansada pero potente, cada vez más fuerte, se queja, pero no importa. Ahora distingo el sonido de lo que parecen ser los latidos de su corazón, que se funden con los míos, acelerados, ya no se sabe cuál es cuál hasta que en un segundo uno se apaga y con él desaparecen las luces y los ruidos.
Pero es en ese segundo que lloro y no entiendo qué pasa, qué pasó con mi paz, qué es todo esto.
Pero esa voz me resulta familiar, y por alguna extraña razón acurrucarme en su pecho me tranquiliza.
Lo único que quiero es dormir. Dormir para olvidarme de todo y que empiece de nuevo, pero esta vez diferente.

domingo, 6 de diciembre de 2009

La hoja que barco pero el agua

La hoja en la mesa, ahí quieta, sin hacer nada, parecía invitar a los inquietos dedos de Luciana a jugar con ella.
Comenzó a plegar el papel, mientras pensaba en lo raras que son las personas, cuánto les gusta complicar esas cosas que en definitiva son tan simples como llevar esta puntita, hasta esta otra.
Si con más o menos 15 dobleces ya está listo, ¿por qué buscar la manera de hacer lo mismo en 35? Así queda la hoja arrugada y después es más difícil que flote.
Nunca voy a entender a la gente, y parece que ellos a mí tampoco.

Cuando terminó el barco, y con él su reflexión, se dispuso a preparar la comida, ya que se acercaba la hora de la cena y con todo lo que está corriendo Pablito, seguro le agarra sueño temprano.

Así que ahí estaba la nave suprema sobre la mesa de la cocina. Pablo sabía que era la más rápida que alguna vez navegó los mares y que tenía las mejores armas que se puedan imaginar.
Con los piratas a bordo, ya estaba todo listo para desembarcar en busca de aventuras, sirenas y tesoros.
Pero llegó la hora del baño, y todas las aventuras, sirenas y tesoros se deshicieron junto con el barco que no resistió las aguas malignas del duchador.
Pablo miraba atónito sin entender cómo algo que sabía tan fuerte se rompía a pedazos, se deshacía, como si fuera de papel.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Con sueño me sale así

Pilas de autos que frenan, que suben, que bajan, contaminan y vuelven a arrancar. Cuando la tierra es de cemento pasan esas cosas. Son inevitables.
El cielo que se arruina, la luz que no se ve… Constantes que limitan la existencia, creadas buscando libertad.


Mientras se marean las palabras bailando en mi cerebro, no se si empezar otra vez, o lo mismo de siempre. ¿Qué hacer para que algo salga de acá? Me pierdo y arranco de nuevo.
Derechito por la misma dirección. Sin prisa y con pausa, sin pautas.


Se mueve liviano, como si fuera a volar por el aire que sabe de vueltas y montañas. Salta con el máximo poder de sus piernas en un solo intento.
Se da la cabeza contra el mueble, cosquillas, pero esta vez agua. Nunca llega a ser vapor.


Pliegue en el medio, otro de allá, levanto, miro, doblo el papel. Mi barquito está listo para salir a flote, recorrer los siete mares cazando sirenas y morder en la arena buscando tesoros. Lástima que llegó la hora del baño y no resistió las lluvias malignas del duchador.
Teníamos planes, barquito. Arruinaste todo siendo de papel. Yo te construí con una hoja mientras hablaba de mares y riquezas ¿y resultaste ser de papel?


Párpados pesan, mañana se acerca. ¿Qué débil mental tiene tiempo para dormir? Eso es de maricas. Las nenas duermen y sueñan con el príncipe azul. Vos, de colorado, subite al tren y viajá hasta que tengas coraje para pensar en la idea que te hizo seguir hasta acá.

martes, 24 de noviembre de 2009

Gracias a la galletita

Galletita de chocolate, te voy a triturar con los dientes, masticar hasta que sólo quede tu esencia de saborizante artificial.
Vas a viajar por mis tripas, que nunca vieron la luz, mezclarte entre la oscuridad y los ácidos para ser nada. Ser lo mismo que todo ahí adentro, menos carne, menos sangre. Y mucho menos galletita.
Galletita de chocolate.
A tus últimos esfuerzos por crujir los mato en mi boca. Te destrozo y amortiguo con saliva.
Se hacen las miguitas que se creen libres ignorando que son nada.
Nada mañana, nada hoy y nada de nada.
Nutrís mi nada con la tuya, para nada.
De nada.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

No ibas a ser vos (réquiem para una frase)

Estabas ahí, porque existías. No tuve tiempo de pensarte: apareciste de la nada, jugando moldeé tu forma y me gustó.

Pero te fuiste sin avisar, sin que me diera cuenta.
Frase tras frase te diste a la fuga.
Te llevó el agua.

Sos otra cosa. Sos otra cosa que no es esto. Sos otra cosa que no encuentro.
De haber sabido te agarraba más fuerte…
Te hubiera agarrado más fuerte así te hacía eso que queríamos ser.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Como un puente

No quiero lastimarte. Mejor que sientas de a poquito, de arriba hacia abajo, de mí hacia vos.
Y qué ganas de sentirte toda, despacito que te enteres de mí.
Me hago de manos repentinas porque no me alcanza con tan solo penetrarte. Penetrarte y dar vida, pero sin lastimarte.
Tus relieves, tus texturas. Tengo que gritar y que veas. Blanco, rosa y hasta verde. Más cerca, te quiero toda mia, no me alcanza, y sos hermosa, te recorro y no dejás de ser hermosa. Todo el tiempo sos hermosa.

Te quiero cuidar y alimentar para siempre, madre hermosa. Yo arriba y vos abajo.

jueves, 29 de octubre de 2009

Vereda

Pelo mojado. Ya no me importa qué tengan para decir, si dicen. Resbala por mi pelo mojado.
Pijama. El sueño aplastante que no me deja dormir a la noche después de ponerme el pijama.
Sábanas. Me enredo en mis pensamientos y no sé cómo volver. Mejor perderse en las sábanas.
Ventana abierta. No me aguanto más acá adentro y las luces se cuelan por mi ventana abierta.
Aire fresco. Me olvido de todo, soy libre por un momento. Siento sólo aire fresco.
Vereda.




-Me agarró de sorpresa, totalmente. No te digo; recién salgo de bañarme, mirá, hasta el pelo mojado tengo. Pero escuché todo este alboroto y tuve que salir. Alberto no me sabía definir nada, tirado ahí en el sillón viendo el fútbol… ¡Todavía en pijama!
Qué espanto, que lo tapen con sábanas aunque sea. Tengo las ventanas abiertas para que entre aire fresco, no semejante espectáculo.
…voy a morir tratando de limpiar esa vereda.



-No se lo voy a decir nunca, pero mamá tenía razón. Ayer no tendría que haber salir con el pelo mojado. Hubiera esperado hasta mañana y ahora no estaría en pijama tomando la sopa, con la sábana hasta el cuello y los mocos que no me dejan respirar.
Con lo que me gusta tener la ventana abierta… a ver si entra algún bicho o algo, como le pasó a Tomás el año pasado, o por lo menos para ver la final del campeonato de la plaza.
Yo tendría que estar jugando ahí. Corriendo para hacer el gol que seguro nadie se anima a patear, con todo el aire fresco en la cara…
Mejor me voy a dormir la siesta, hoy me despertaron temprano para el remedio y me voy a morir si sigo pensando que no puedo salir ni a la vereda.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Nube de bebé

-Dejen dormir a los pibes en paz. No les carguen mochilas pesadas, que no tienen por qué llevar. Así van a romper sus espaldas.
Quebrados, caídos, deformes. Ese va a ser el verdadero futuro y temor si siguen jodiendo.

Llenar sus cabezas con tus dioses de tierra, ahora sin atención, repiten hasta que el dogma se vuelve peligro. Corta, sangra. Enceguece.
Y vos orgulloso, asqueroso animal que pervierte su nube de bebé con formas y miedos amenazantes. ¡Te amenazan a vos, idiota! Desde ahí son inmunes, envidioso cobarde, no lo querés aceptar.

-A mí también me lo dijeron.

-Porque su naturaleza es más cercana a tu cielo; ese que ni siquiera intentás buscar (sabés que es en vano).


Jugando, inventando, creando, fabriquen el mundo. Lejos de realidades viajando en dragón al castillo sin sirvientes ni princesas.
No quiero invadir tu espacio, bebé. Pero sos hermoso y te admiro.

lunes, 26 de octubre de 2009

Partes

Qué frágil te partís, ramita.
Indefensas en el piso, tus partes.

Tierra, pasto, luz. Nido.

Ahora te tocó proteger y ser sustento.
Quién lo hubiera pensado,
No estás muerta, ramita.

Das lugar a los cantos de hambre.
Ellos que vuelan y vos te caés lo mismo.

En parte, sos parte de tus partes.
Fractura, indefensa, ramita.
Vas a florecer.

lunes, 19 de octubre de 2009

Cochecito

Mi helado.
Se va derritiendo y me deja los dedos pegoteados. Pero no importa; las lágrimas de mamá siempre limpian todo. Lo dejan nuevito; parece que vuelve a empezar.
Uy, ufa. Justo mi remera del osito. La que más me gusta. Ahora es una nube de chocolate y las almendras que se parten en el piso.

Y las panzas que nacieron en invierno, en primavera se destapan para que todo vuelva a empezar.

domingo, 11 de octubre de 2009

EntendíMiento.

Tic-tac se-gun-dos que a los golpes se hacen minuto y son tiempo.
Los platos siempre se rompen porque sí mientras siento que las cabezas están hechas para golpearse entre ellas y conmigo.
Con el paso un poco más pesado pero te hacés hora lo mismo en un ciclo inagotable, corriendo contra vos y yo.
Las energías se contrarrestan y ganan de forma divina para que la Tierra siga bailando las melodías del cosmos.
Todoen armonía que résponde a nada siná dormecerse, buscando lugares y formas acá.

Pero justo es acá donde desmenuzamos tu libre belleza para tratar de entenderla, ignorando que no todo tiene nuestro sentido, no todo obedece nuestras reglas idiotas.
Idiotas que buscan poner reglas. No tiene sentido no usar los sentidos.
Los platos se van a romper si-em-pre.
Porque  sí.
Cuando empiece.
Donde   prefiera.
Como         saber.

viernes, 2 de octubre de 2009

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Realidades

Escribo mientras se muere. Escribo mientras acaba de nacer.
Escribo mientras se hace enorme. Escribo mientras deja de existir.
Escribo mientras se hace al mundo. Escribo mientras queman libros por ahí.
Escribo mientras se deshojan las flores.
Escribo mientras es de noche y hay sol.
Escribo mientras respira.
Escribo mientras no puede salir.
Escribo mientras escribe y así deja de morir.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Llamatecomoquieras

Medito y mareas marean mi mundo.
Aires ajenos al agua del alma.
Susurran sonidos soplando, suturan.
Vientos vinieron volando vacíos.

Lunas levitan los libres lugares.
Niegan nuestra nada de nuevo.
Celo su cielo celeste cediendo.
Ecos eternos envuelve el espacio.

Hilos de hielo hechos hamaca,
Dulce dormir de Dioses dorados.
Partiendo papel por palabras pasadas.
Transcribe torcido tu tiempo, ternura.

Forma futura fusiona familias.
Omniscientes ojos ocultos,
Buscan borrachos borrar basura.
Gritos graves galopan girando.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Jonny Greenwood - Moon Trills

Banda sonora de la película Bodysong

viernes, 18 de septiembre de 2009

Corre

El tiempo que dura una canción, el tiempo que tardan las palabras en romperse es el tiempo que nos rige.
Nos moldea, esclavos de su eterna presencia, a su voluntad infinita que un día nos hará morir.
Es idea que nació con el hombre, pero existió desde siempre.
Crea y destruye.
Tantas veces infinito como insuficiente.
Inútil desafío frente a la bestia todopoderosa que gigante aplasta y diminuta persigue.
Se ríe y nos deja jugar inmortales en el refugio de la indiferencia. Imposible.

Nada es eterno, sólo vos. Para siempre y desde siempre acechando.
Tiempo que perdura en el tiempo.
Constante, no deja de avanzar, constante, no se detiene, constante, perpetuo.
No dejo de luchar y ya sé que estoy vencida.
Sos amplio, abrumador y me ahoga. No se puede respirar. No hay espacio que no cubra. Es en todos lados.
El universo rendido a tus pies porque sabe que se acaba.

martes, 15 de septiembre de 2009

lunes, 14 de septiembre de 2009

La historia de Juan

Juan se levantaba temprano todas las mañanas para ir a trabajar.
Desayunaba mientras leía el diario, caminaba tres cuadras hasta la parada del colectivo en el cual viajaba una hora, y así podía llegar a su oficina.
Para matar el tiempo de viaje, con frecuencia recurría a uno de sus pasatiempos preferidos que consistía en estudiar a las personas, e inventarles una historia. Podía pasar cualquier cosa. Desde fantásticas metamorfosis, hasta uno de las más crudos asesinatos.
Cuando los pasajeros se hacían frecuentes, era como retomar una novela y continuar el capítulo donde lo había dejado.
Estaba la chica de pelo negro, que para él era una especie de espía que investigaba fenómenos paranormales; el hombre mayor de barba blanca, que venía de otro país y no tenía idea donde estaba parado, entre otros.
Los martes se los cruzaba a los dos. Había veces que Juan podía adivinar que aquella muchacha había hecho un gran hallazgo en los días previos, porque le agregaba a sus ojos un brillo especial.
Y al viejo, nunca le daba oportunidad de algo interesante. Porque así, se mantenía un razonable equilibrio, que le hacía más fácil continuar el juego.
Ya todos los pasajeros habituales tenían un rol asignado. Menos uno.
Era el linyera que siempre se cruzaba en la plaza, justo en frente de su oficina.
Desde que empezó a trabajar en aquel lugar el mendigo acaparó su atención. Pero por alguna extraña razón, nunca pudo asignarle un personaje.
“No puede jugar porque no está en el colectivo. No me da tiempo a crearle la historia” Se repetía Juan para sus adentros queriendo justificarse, sin saber bien por qué tenía que hacerlo.
Pero el tiempo no era motivo suficiente, y él lo sabía. Sabía que era al que más había estudiado.
Muchas fueron las veces que se encontró en ratos libres de trabajo, mirando por la ventana, buscándole una historia a aquel sujeto que por su condición, podía encuadrar perfectamente con argumentos de lo más alocados.
Pero era inútil. Por más que pensaba y pensaba, nunca lograba ubicarlo.

Siempre la misma rutina tenía el pobre hombre. Esperaba que la vida terminara de pasar sentado en aquel banco de la plaza, mientras veía a la gente ir y venir de un lado para el otro.
Nunca nadie le ponía atención. Sólo Juan, desde su ventana.
Se preguntaba si el mendigo sabía de su existencia. ¿Debería ir a hablarle? Seguro que tenía cientos de historias interesantes que contar. Su conocimiento de la ciudad debería ser absoluto. Desde su posición de observador pasivo seguro conocía las idas y vueltas de todos los que pasaban por allí. Miraba desde primera fila como espectador en una obra de teatro las improvisaciones cotidianas de aquellos que se transformaban en actores, casi por accidente.
Escribía.
Siempre con él su cuadernito azul al igual que la birome. Desde que Juan comenzó a trabajar en esa oficina, no hubo día en que los haya visto separados.
Ya conocía todas sus mañas a la hora de escribir. Primero miraba un rato los alrededores mientras jugaba con la lapicera entre los dedos y a veces contra el papel. Parecía buscar inspiración de algún lado.
Después con una mano en la barba pasaba las primeras líneas entrecerrando los ojos. Seguro necesitaba anteojos, y no tenía dinero para comprarlos. Pero no. Porque al rato se lo veía de lo más cómodo a la misma distancia de la hoja. Cosa inexplicable para Juan, quien de anteojos no entendía nada, pero se imaginaba casi por reflejo que los defectos en la visión siempre son iguales, o a lo sumo empeoran. No se corrigen por arte de magia.

Cuántos misterios encerraba ese hombre. Había que averiguar de algún modo que decía ese cuaderno. Y tenía que ser hoy mismo.
El muchacho podía salir antes del trabajo. Tenía una buena relación con su jefa inmediata y sabía que podía pedirle esa clase de favores sin comprometerla, porque también hoy era el día en que el gerente no estaba.

Hubo poco trabajo esa jornada, así que Juan aprovechó para seguir de cerca los movimientos del linyera esperando el menor descuido para arrebatarle el cuaderno.
Luego lo devolvería. Era sólo la curiosidad el motor de esta aventura casi adolescente.
Estuvo mirando largo rato y el mendigo nunca dejó de escribir.
Hasta que lo hizo. Y cuando lo hizo fue para levantar la cabeza con una aterradora exactitud que permitió posar su mirada en la de Juan, quien al darse cuenta, se alejó de la ventana con un brusco movimiento.
No podía dejar de mirar justo ahora. En esa milésima de segundo que duró el encuentro, sintió como se le erizaba la piel producto de la intensa conexión que pudo percibir. No paraban de surgir dudas en su cabeza. Ya se había convertido en prioridad. Tenía que leer el cuaderno.
No le importó si estaba allí el mendigo protegiéndolo, si iba a acceder al préstamo del material… como sea estaba decidido a obtenerlo.
Bajó muy rápido las escaleras, no podía esperar el ascensor. La adrenalina que le corría por el cuerpo en ese momento, ya era mucha y no lo dejaba esperar.
Llegó hasta la puerta, con la vista fija en la plaza, tratando de localizar a ese hombre tan misterioso para descubrir que ya no se encontraba en el mismo lugar.
Juan quedó confundido por un momento, dio vuelta en redondo y localizó al linyera que lo miraba fijo como esperando ser encontrado desde la esquina al otro lado de la calle para luego perderse entre la gente, sin dejar rastro.

Y ahí estaba. A sus pies el cuaderno, aunque sin birome. Hojas en blanco, hojas saturadas de ilegibles palabras, pero una marcada con un doblez en la parte superior.
No por nada llamó su atención. Al comenzar a leer descubrió la historia de su vida resumida en apenas dos carillas. Hasta explicaba con temible precisión el dolor en el brazo y la puntada en el corazón que sentía Juan en ese momento. La visión nublada que después se hizo blanca, la pérdida de conocimiento, y el fin.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Oscuro

No puedo gritar porque me falta el aire. Entre la sal se hace borroso y es más difícil salir en pie.
Cuando te diste cuenta, ya estabas en el piso. Te duele caer y pararte. Quizás porque sabés que no podés mantenerte parado. Erguido y la sangre que corra. Fiel.
Tu naturaleza es extraña. No pensaban en vos cuando viniste. Con tu voz querés correr y deslizarte.
Una tormenta en el desierto que destruye el oasis en un suspiro. Ese que formaste.
Mejor cerrar los ojos a ver que pasa.
Ya no se distingue adentro y afuera. Quedaste vos con tu tormenta. Y no hay nada que puedas hacer para salir a flote.
No vas a encontrar madera para construir tu balsa.
Burbujas, burbujas… silencio.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Desde algún lado

Aunque tenga zapatos de plomo y esté atada al piso, hay una parte de mí que siempre se las arregla para salir volando.
Los ratitos que se queda acá adentro, me hace saber que estoy viva.
Es la responsable de esos escalofríos que me recorren la piel. Ahí es cuando sé que está a punto de comenzar su viaje. Mejor la dejo escapar. Si no se lastima, tan frágil.
No necesita mapas, ella se quiere perder y así descubrir el universo. Su universo.
Alguien la lleva de la mano para mostrarle todavía un poco más. No se resiste porque sabe que ahí es inmortal, poderosa. Nadie tiene el control; no lo necesitan. La paz reina entera.
Siempre la están esperando. Con su halo de brillante esperanza despierta cada sentimiento. Es imposible no seguirla. Baila con la suavidad de una pluma que se entregó al viento. Porque está perdida, y le encanta. La hace libre potenciando sus sentidos. Percibe y así descubre.
Nació de todos lados. Fue saliendo de a poquito y hoy se dibuja donde sea.
Sé que quiere seguir volando, siempre se las arregla para salir volando.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Para flotar un ratito

Título: Julia
Artistas: Medeski, Scofield, Martin & Wood
Álbum: Out Louder

Poné play y cerrá los ojos. Nos vemos allá




...y feliz cumpleaños al Enormísimo Cronopio

sábado, 22 de agosto de 2009

Drifting

Recién mis pensamientos me estaban llevando de paseo por lugares que pasé. Acordarse lo llaman, no? Sí, eso. Fui hasta Bariloche y volví. Pero fui de la manera que siempre quise ir, que tan poquito tiene que ver con la que viví.
Pasaban esas cosas que siempre quiero que pasen.
Otros días viajamos por la playa. Siempre está amaneciendo, no hay viento y mucho menos frío. Por las ciudades pocas veces me vi. Aunque ahora que pienso, puede que haya estado también. Capaz me estoy mezclando con películas, pero en definitiva es lo mismo... ni una ni otra pasaron "de verdad".
En el medio del viaje siempre me quedo dormida. Pero hoy me despabilé, prendí la compu (doble desafío contra el sueño que amenazó durante ese tiempo, en su mejor espacio, haciendo para mí más difícil la batalla) y decidí escribirlo. No sé para qué... estoy segura que esto no me va a llevar a ningún lado.



"Además te quiero, y hace tiempo y frío."

domingo, 19 de julio de 2009

Hasta que estalló

"Siento una cosa en el pecho, como si fuera a estallar. Una bomba de tiempo. En cualquier momento me vuela en miles de pedacitos."
Después que la Chica le contara eso, a Ella se le hizo muy difícil seguir con su vida cotidiana. A Ella, que no le costaba mucho despegarse de la realidad, -de hecho tenía que hacer un esfuerzo para mantenerse en ella- le costó el doble concentrarse en sus tareas habituales. Cada vez que escuchaba un reloj se estremecía por dentro.

A Él, que se daba cuenta de todo lo que a Ella le pasaba, que miraba a través de su cabeza y veía sus pensamientos con tanta claridad como alguien que mira por una ventana que ni siquiera tiene vidrios, no se le escapó ni por un momento esa preocupación que la invadía. Sabía que no podía hacer nada para solucionarlo, ni lo de la bomba que atormentaba a la Chica, ni lo del reloj que no paraba de asustar a Ella.
Como cualquiera de esas personas sensibles cuyo equilibrio se desmorona con el soplar de una leve brisa, esta situación lo preocupó. Se sentía triste, y cuando estaba triste escribía. En el colectivo le gustaba más. El ruido de la ciudad, todos esos personajes esperando para entrar en acción eran las variables que más lo entusiasmaban. Y como no podía ser de otra forma el reloj era protagonista de todos sus relatos.

La Enfermera curiosa, por no decir chismosa e intrometida, no se aguantaba las ganas de leer eso que Él estaba escribiendo. Probablemente no lo sentía de la misma manera. Es más, le molestaba chocarse tantas veces con la palabra reloj que de inmediato le hacía pensar en el tiempo que pasa sin detenerse, en toda una vida dedicada a pagar las expensas, y a cubrir su cuota de frivolidad todos los sábados en la peluquería. Eso a la Enfermera la incomodaba, la entristecía. Se acordó irremediablemente de su adolescencia, de sus ganas de cambiar el mundo, de querer ser alguien.
La sensación la acompañó todo el resto del viaje: cuando tocó el timbre para bajarse en su parada habitual (la que está a dos cuadras y media del hospital), mientras ingresaba al edificio, y también durante las rondas del día.
A tal punto, que cuando fue a despedir a Aquel Hombre que se ganó el alta médica demostrando que había entendido no ser un mensajero de Dios, con la misión de destruir a la raza humana, no tuvo más palabras que: "hacé de tu tiempo algo que valga la pena."
Desde su estado de miseria interior nunca esperó que Aquel Hombre respondiera: "Créame Enfermera, ya lo hice."
Sorprendida, trató de encontrarle coherencia a esa frase dicha por una persona que no había hecho más que estar encerrada en su habitación dentro de este manicomio, el cual sólo recorría de a poco y de una forma muy singular, observando cada detalle. Pensó que el comentario sólo demostraba la necesidad de continuar el tratamiento ambulatorio, ¿cómo alguien en esas condiciones pudo haber hecho algo que valga la pena?
Pero fue cuando Aquel Hombre presionó uno de los botones de su reloj que todo cobró sentido. Transformó lo que parecía un simple e inocente comentario en la frase más clara y sincera que la enfermera había escuchado en el día.

A la comprensión, le siguió un estruendo y miles de pedacitos que sólo una bomba estallando sabe generar.

_____________________________________________-·Mundia Gress


U.N.K.L.E

martes, 14 de julio de 2009

Cuaderno

Acá empieza el lugar donde van a quedar guardadas todas esas cosas que escribo.

          Julia.