miércoles, 2 de junio de 2010

Lápiz y papel para el tren

Por lo general cuando hay un lápiz, me falta papel.
Lo bueno es que mis compañeritos de viaje, hoy no corrieron con la misma suerte.
Ahí estaba el vendedor, que ofrecía lápiz, lapicera y firbón, y mamá que además de concretar la transacción con éxito, improvisó un cuaderno que complementaba perfecto. Lo usamos por turnos, claro, porque nosotros somo dos, y el cuaderno es uno solo.
Empezó el más chiquitito de los hermanos a trazar líneas, mientras el más grande, que estaba sentado adelante, se arrodillaba en el asiento y giraba para mirar.
En seguida la situación fue a la inversa: mejor dibujaba yo así él después lo pintaba. Le dije a mamá que no importaba que no hubiese colores, de gris iba a quedar igual piola.
El dibujo era como de caricatura japonesa, con un gesto muy enojado y un trazo irregular y picudo que parecía de fuego. Ahí está, ya le podés pintar el ojo.
La verdad que debe ser por algo que yo no tengo papel, porque un dibujo así no me hubiera salido, y en tal caso tampoco tenía a nadie para que lo pinte.
Nació en Caseros y debe haber terminado en San Miguel. Pero nunca me voy a enterar porque yo me bajo en Palomar.

1 comentario:

  1. yo hubiera dicho "permiso, permiso, ahora somos tres", y vemos qué hacíamos, quizás yo pintaba y el chiquito miraba. no sé, se me ocurre ahora.

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